Espada de Damocles
Juan Carlos Soto.
El
informe de Unesco sobre la vulnerabilidad del centro histórico de Arequipa es
una verdadera perogrullada. La destrucción lo amenaza hace varias décadas. Sin
embargo, tiene que venir gente de afuera para prender la luz de alarma y
aguijonear a unas autoridades ocupadas en lo intrascendente.
La principal plaga del patrimonio arequipeño es el transporte urbano. Los
vehículos circulan por calles diseñadas para burros y carretas. A este paso los
adoquines de "las barricadas" quedarán hechos polvo. Las construcciones de
sillar cambiaron de tonalidad gracias a los humos de las combis y ticos. Los
huelguistas colaboran con su cuota de contaminación en cada paro con la quema de
neumáticos. La solución es peatonalizar el centro y punto.
El boom de la construcción abona a la destrucción del viejo casco urbano
colonial. Un ejemplo. El moderno edificio de Plaza Vea en la Marina surge entre
un puente colonial del siglo XVII y los tambos en donde dormían arrieros.
Barbaridades similares hizo la tienda de ropa Estilos en las calles Mercaderes,
Rivero y San José. El entorno que supuestamente rodeaba a la traza fundacional
era la campiña. Hace años no existe. Fue devorada por la voracidad inmobiliaria.
Las casonas coloniales son cargas muy pesadas para sus dueños que prefieren
migrar a los conos. Por eso muchas terminaron siendo mercadillos. La espada de
Damocles está lista: si Arequipa no protege el centro histórico perderá la
denominación de patrimonio cultural de la humanidad.