Recordando a Margaret Thatcher

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Gilberto Aguilar Giménez

 

 

 

El 13 de octubre hubiera cumplido 90 años, si es que estuviera con vida, Margaret Thatcher, quien fuera la primera gobernante en el mundo, desde su cargo de Primera Ministra del Reino Unido, en implementar el modelo económico neoliberal.

Desde sus inicios en su militancia política se alinea con el ala más retrógrada de la derecha dentro del Partido Conservador, por el cual obtiene un escaño, en el año 1959, en la Cámara de los Comunes. Posteriormente fue nombrada por Edward Heath, luego del triunfo de los conservadores en las elecciones del año 1970, ministra de Educación y Ciencia. Desde este cargo inició el proceso de recortar presupuesto a la Educación Pública, eliminó la distribución de leche gratuita para los escolares comprendidos entre los siete y once años de edad, motivo por el cual se ganó, con justeza, el sobrenombre de “ladrona de leche”.

Asume la dirección de su organización política en el año 1975 procediendo a elaborar un programa económico basado en las tesis de Friedrich August von Hayek, economista austriaco, que basaba su teoría en la no intervención del Estado en la economía y partidario del libre mercado, reforzando posteriormente sus políticas neoliberales con las teorías de Milton Friedman.

A partir del año 1979 asume la conducción del gobierno y con ella se inicia la aplicación brutal del neoliberalismo dando paso a la privatización de empresas públicas, de la educación y la eliminación de las organizaciones de ayuda social, los despidos masivos de trabajadores vía flexibilización laboral, la misma que dio lugar a que hubiera más de 3 millones de desocupados, la desregularización del sector financiero. La quiebra de empresas y la reducción de la a producción en el sector industrial fueron otros de los “logros” de su gestión.


Mención especial merece su política antilaboral ya que declaró una guerra a muerte a los sindicatos, a quienes acusaba de atentar contra la democracia, llegando a declarar, a raíz de la huelga de los mineros del carbón: “Tuvimos que luchar con el enemigo en el exterior en las Malvinas. Siempre tenemos que estar alerta del enemigo interno, el cual es más difícil de combatir y más peligroso para la libertad». Esta lucha le costó a la clase trabajadora inglesa 30,000 despedidos de los 187,000 trabajadores mineros y el resto perdió sus derechos laborales, debido al cierre de 150 minas y 24 privatizadas.

La lucha que libraba el pueblo irlandés por su liberación fue duramente reprimida por la llamada “dama de hierro”, llegando al extremo de no ceder a las peticiones de 10 luchadores del Ejército Republicano Irlandés (IRA por sus siglas en inglés), y del Ejército Irlandés de Liberación Nacional (INLA por sus siglas en inglés); quienes se declararon en huelga de hambre para recuperar su estatus de prisioneros políticos. Tuvieron que morir Bobby Sands y nueve de sus camaradas, en esta heroica medida de lucha, para que la engreída de las transnacionales y del oscurantismo reconociera algunos derechos de los prisioneros.

En su política internacional fue una aliada incondicional del imperialismo yanqui, apoyando la instalación de misiles nucleares por parte de la OTAN en Europa Occidental, su carrera armamentista mediante la adquisición de armamento nuclear de Estados Unidos, su oposición a que se sancionara al régimen racista de Sudáfrica, llegando a calificar al Congreso Nacional Africano (CNA) como organización terrorista. La autorización del uso de bases de la fuerza aérea inglesa al imperialismo Norteamericano para atacar a Libia, el apoyo prestado a Bush en la invasión a Irak, el apoyo brindado a la los grupos derechistas, croatas y eslovenos, que provocaron la desintegración de Yugoslavia.

La política imperialista se nota con mayor claridad cuando se niega a devolver las islas Malvinas, de las cuales se apoderó el Reino Unido en el año 1833, a Argentina, a pesar de que la ONU desde el año 1965 emitiera una resolución de descolonización de las islas. La guerra de Las Malvinas, justa reivindicación, a pesar del desprestigio dela Junta Militar que gobernaba Argentina, muestra la soberbia y prepotencia inglesa, apoyada por EEUU y el fascismo chileno.

Mostrando su alianza con el fascista Augusto Pinochet, quien se encontraba de visita en Londres, pidió su liberación cuando el Juez español Garzón logró una orden de arresto y España pidió su extradición para juzgarlo por violaciones a los derechos humanos, llegando al extremo de visitarlo en su detención provisional.

Estos hechos que fueron los más saltantes durante su gestión como primera ministra del Reino Unido, nos dan una idea del porque tuvo el respaldo de las fuerzas políticas retardatarias a nivel mundial, pues su gestión estuvo a favor de las clases dominantes, las que hoy seguro que añoran los días triunfales del fascismo y la bestialidad de quienes, bajo el pretexto de defender la democracia, pretender volver a la época de las cavernas.

Hoy la distinguida dama que fue la primera en aplicar las recetas neoliberales, sintiéndose orgullosa de ello, no puede ver el derrumbe de un modelo que entre sus logros tiene a más de mil millones de seres humanos sumidos en la pobreza, ochocientos millones de analfabetos, más de trescientos millones sin trabajo, y un largo etc., de condiciones que violan derechos elementales de todo ser humano.

Pasado el tiempo sigue vigente la declaración de Danny Morrison, líder del Sinn Fein, la cual es la mejor descripción, que se ha podido hacer de ella: «la bastarda más grande que hemos conocido».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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