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Carta al Comité Central del Partido Comunista

Francisco del Carpio

 

 

 

Arequipa, 30 de julio del 2013

Señor Roberto de la Cruz, Secretario General del Partido Comunista Peruano
Camaradas del Comité Central del PCP

Camaradas:

Recientemente cumplí 73 años de edad de los cuales cincuenta y tres los dediqué ininterrumpidamente a la actividad política en las filas de la Juventud y el Partido Comunista Peruano. Milité siempre en la ciudad de Arequipa, donde nuestra organización partidaria jugó un papel ejemplar como fuerza orientadora y conductora de las más grandes luchas sociales habidas aquí a lo largo de los años. Jamás atenté contra la unidad orgánica del Partido ni me fui a otras “tiendas” ni participé de movimientos antipartido en ninguna de sus formas.

Ocurre, sin embargo, que, sobre todo, en las dos últimas décadas tanto en el plano nacional como en el regional, el PCP ha dejado de desempeñar las funciones que le corresponde, por el contrario, se ha convertido -más bien- en un conglomerado sin principios ni línea. El oportunismo y el carrerismo se han convertido en la razón de ser de sus principales dirigentes, y esto ha descalificado nuestra actividad en el seno de las masas.

El otrora glorioso Partido se ha desacreditado y ha quedado situado en un muy bajo nivel de consideración ciudadana. La opinión pública hoy constata, con probados elementos de juicio, que el Partido Comunista histórico realmente ha dejado de existir y en su lugar ha nacido un remedo de estructura partidista carente de ideología, de valores y de dirigentes que sacrifiquen sus vidas por la causa de los trabajadores y del pueblo.

Múltiples expresiones de esta dolorosa realidad podrían ser mostradas por mí, y por muchos otros camaradas que, aquí y en otros lugares, indignados y dolidos se han retirado de nuestra organización o simplemente se han puesto de lado para no ser identificados con una práctica que constituye una negación absoluta de la tradición revolucionaria de la que tanto nos enorgullecimos en el pasado y que se testimonió en hombres de gran valor, como Augusto Chávez Bedoya y muchos otros.

Si ahora no lo hago es simplemente porque no tiene sentido que les recuerde a ustedes -que en buena medida son responsables de lo que hoy ocurre- algo que no va a ser tomado en cuenta en las circunstancias actuales, cuando lo único que interesa a los actuales dirigentes del Partido es convenir acuerdos de reparto de cupos partidistas con fines electorales y personales.

En estas condiciones, no me siento en la obligación de continuar en la tarea que me impuse antes y que cumplí con honor y sacrificio. Prefiero colocarme a un lado y no comprometerme con lo que realmente constituye un engaño a quienes siguen creyendo en la lucha por la Revolución Social y el Socialismo.

Esto no significa, en lo más mínimo, renunciar ni a mi ideología ni a mis principios de clase. Menos, alejarme del accionar que me he impuesto hace varios años y que implica luchar -como quería Mariátegui- por la unidad de las fuerzas progresistas, por la organización de los trabajadores y las masas, por la educación política de nuestro pueblo y por el aliento y apoyo a sus luchas en todos los niveles. Por el contrario, significa asumir un compromiso igual al de antes, solo que en otras condiciones, quizá más complejas y difíciles que antes, pero igualmente revolucionarias.

Por esta razón me permito hacerles llegar esta carta más para cumplir con mi conciencia y con la lealtad que les debo a los comunistas que aún aspiran a –como dice la canción emblemática de mi tierra- reverdecer laureles de ayer.

Si de pronto el esfuerzo de los militantes de base permitiera abrir la posibilidad de un camino en la ruta partidaria del PCP, sin duda yo -y muchos otros- estaremos prestos a respaldar iniciativas y propuestas de ese signo.

Un abrazo de comunista y arequipeño

Francisco Federico del Carpio del Carpio
DNI.30858246

 

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