.
 
 
 
 

El Terremoto Odebrecht en el Perú de hoy

©

 

Gustavo Espinoza Montesinos

 

 

 

 

El escándalo Odebrecht ha alcanzado niveles continentales. De él, se habla y escribe hoy en Panamá, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y aún Chile. Pero en el país de los Incas ha puesto en la picota a la estructura política de dominación -4, de los 5 últimos Presidentes están involucrados en la materia- y en graves apuros a la clase dominante que no sabe cómo voltear la tortilla y adjudicar los hechos al “modelo” liberador latinoamericano, uno de cuyos puntuales, fue Lula, en el Brasil. Por eso, es importante abordar el tema comenzado por la Patria del Corcovado. Veamos

Cuando los militares brasileños adscritos a la Escuela Superior de Guerra –Olimpio Moura de Minas Gerais, Castello Branco, Amaury Kruel, y otros- derrocaron a Joao Goulart en marzo de 1964, se inició una nueva etapa de expansión del capitalismo sub regional en América Latina. El Golpe tuvo claras connotaciones imperiales. Su acción, se desencadenó a partir del 13 de marzo de ese año, cuando el Presidente aún en funciones, expropió refinerías de petróleo y tierras. Seis días después -el 19-, los tagarotes del escenario salieron a las calles en una gigantesca “paseata”, por “Dios, Familia y Propiedad” reclamando “la patriótica intervención de la Fuerza Armada. .”

En esos tiempos, Carlos Lacerda y la “Prensa Grande” saludaban las maniobras militares norteamericanas en suelo brasileño ejecutadas bajo el sugestivo nombre de “Brother Sam”, y decían sin rubor: “lo que es bueno para los Estados Unidos, es bueno para el Brasil”

A la sombra de ese golpe -31 de marzo de 1964- y durante 20 años, algunos grupos económicos acumularon inmensas fortunas, que multiplicaron su capacidad operativa; en tanto que morían en las calles destacados luchadores sociales; y otros sufrían horrendos castigos en los presidios del régimen.

Cuando los uniformados se vieron forzados a dejar el Poder en 1985, gracias al vigoroso ascenso de un movimiento popular que nunca les dio tregua, estos grupos dejaron de “mandar” en el nuevo escenario. Virtualmente “quedaron a la sombra”, y se dedicaron tan sólo a multiplicar sus ingresos formando empresas constructoras y financieras, dando fuerza a lo que sería más tarde, un verdadero “imperio de la corrupción”. Surgieron así Odebrecht, Camargo Correa, Andrade Gutiérrez, Queiroz Galvao, y otras, que buscaron reacomodar su presencia adaptándose púdicamente a la “nueva situación”.

El periodo de transición de los años de la dictadura a los de la democracia formal, en ese gigantesco país, fue prolongado; pero, además, en extremo superficial. Se cambiaron las formas de dominación, pero la esencia, fue la misma. El Fondo Monetario y el Banco Mundial acomodaron sus recetas y la aplicación de sus políticas de dominación al nuevo contexto; en tanto que los “Poderes Fácticos” - la Prensa Grande, el sistema financiero, las entidades patronales, la jerarquía eclesiástica, los mandos castrenses, y otros- mantuvieron intactos sus vínculos laboriosamente forjados y construidos a partir de la discriminación, el racismo, la marginación y el anticomunismo desenfrenado. En el fondo, el odio de clase en su más alta dimensión .

La llegada del PT al gobierno a fines de los años 90 generó una esperanza; pero, al mismo tiempo, una ilusión. Afincó la idea que era posible introducir cambios profundos en el esquema de dominación vigente, maquillando el rostro del Poder. Erróneamente, se indujo a creer a la gente que bastaba variar el rumbo de la política para hacer más digerible el consistente, y casi imbatible, sistema de dominación hasta entonces imperante. A fin de “vender” mejor ese producto, aparecieron los “programas sociales”, las políticas de inclusión; y las propuestas orientadas a reducir los índices de pobreza y marginalidad.

El discurso atractivo se basó en la idea que “en democracia”, era posible disminuir la pobreza y aliviar la situación de las poblaciones más olvidadas; y que, para hacerlo, no era preciso quitarle nada a nadie. Como la Revolución no lucía próxima, y el Socialismo verdadero no tenía fuerza; la “salida“, era distinta: había que “embellecer el capitalismo”, no cambiarlo. Esa fue -finalmente- la esencia de la política del PT. En ese escenario, los empresarios, hacían sus “negocios”, y los líderes del PT “sus políticas”. Ninguno. Interfería en el juego del otro. Al contrario. Unos y otros se respetaban y aún más, podían “darse la mano” si fuera necesario. Lo importante era convertir en realidad “el Milagro”, y lograr lo que, a su manera y a partir de su propia óptica, había predicho Richard Nixon: “hacia donde, mira Brasil, mira América Latina”.

El “darse la mano”, tenía sus riesgos, pero era posible. Los empresarios podían “aportar fondos” para algunos de los “programas sociales” en boga, a cambio de que no se tocaran sus privilegios -ni sus tierras, ni sus empresas-; en tanto que los políticos podían ayudarlos a “extender” sus negocios, sin comprometer los intereses del Estado.

Fue en ese marco que las empresas brasileñas llegaron al Perú. Las trajo Alberto Fujimori en la última etapa de su gestión; y las heredó Alejandro Toledo. Luego vendrían García y Humala. Y hoy, el tema hizo crisis.

Y la campaña de “la Prensa Grande” apunta con furia a Brasil, pero con propósitos muy definidos: busca acabar con Petrobras, privatizarla (que es lo mismo); hundir al Foro de Sao Paulo, que le sabe a chicharrón de cebo; y anular definitivamente al PT para que nunca más sea gobierno, en la Patria de Jorge Amado y sus Capitanes de Arena.

Es claro que las empresas brasileñas que vinieron al Perú en esa circunstancia, no tenían contenido político, ni rumbo ideológico. Tenían objetivos comerciales; y hacían negocios, independientemente del signo político de sus circunstanciales “aliados“. La vida les había enseñado algo que el mundo conocería por otras vía en palabras de Deng Xiaoping: “no importa de qué color sea el gato; lo que importa, es que coma ratones”.

Y si Odebrecht fue el gato, los ratones en el Perú fueron los Jefes de Estado que, a cambio de algunos millones de dólares, les dieron jugosas concesiones. “Hagan sus políticas, que nosotros haremos nuestros negocios”, pareciera haber dicho Marcelo Barata, el brasileño de las coimas, que como “aspirante a colaborador eficaz”, cuenta hoy cada una de sus truhanerías. Busca, obsesivamente “comprar” su libertad, que, por cierto, le sale cara.

Todo esto -la parte peruana del asunto- lo puso en evidencia, hace algunos años, un modesto y esforzado parlamentario, el congresista Juan Pari, pero no le dieron “bola”. Y es que, en su informe, no sólo aludió a la “carne fresca” -Humala y Nadine-; sino también a la podrida: Fujimori, Toledo y García. Hoy, forzada por la circunstancia, la “prensa grande” resucita el “Informe Pari”, pero quiere “liberarlo” de la presencia de Fujimori para investigar a los otros -incluida Nadine Heredia- porque a ella, sí que se la tiene jurada.

Recientemente en nuestro país, se agudizaron las tensiones entre el Ejecutivo y el Congreso -vale decir, entre el gobierno y la Mafia- al tiempo que comenzaron a caer los primeros palitroques del “caso Odebrecht”: funcionarios intermedios del gobierno de Alan García, caracterizados como “receptores” de coimas y sobornos repartidos entre distintos segmentos de la clase dominante. Resulta claro, sin duda “han caído” –“las ratas”-, como les dice García- pero ellas no podrían haber actuado por cuenta propia, ni administrado solos las sumas que han recogido: alguna mano -aún escondida- hubo de digitar piezas, tras las bambalinas.

A esa mano oscura le interesa incentivar otros temas: la vacancia presidencial, por ejemplo. Y hay quienes, prestos a ello, inician un debate que sólo beneficia a Keiko Fujimori. El diario “Perú 21” -de la cadena de El Comercio- ubica a PPK en “caída libre” aludiendo a presuntos “estimados de encuestas”, en tanto que se suceden “informes” en torno a la supuesta “incapacidad mental” o la “demencia senil” del Mandatario; cuando no discursos “patrióticos” que arguyen “servilismo” ante Chile. El tema de la exportación del gas al sur del continente, y la concesión del aeropuerto de Chincheros, -Cusco-, cae como “anillo al dedo”

Hoy, para lograr sus propósitos, la Mafia tiene -casi- abierto el camino: Le urge, primero, censurar al Vice Presidente. Martin Vizcarra por ese caso, a fin de inhabilitarlo para el desempeño de cualquier función pública. Declarar luego la vacancia de la Presidencia de la República, a tenor de las denuncias contra PPK. Después, doblegar a la segunda Vice Presidenta, Mercedes Araoz a fin que no obstruya el plan de “recuperación democrática” –como se le podría llamar aviesamente a ese proyecto mafioso-. Luego, ungir como “Jefe de Estado” provisorio a Luz Salgado, -Presidenta del Congreso- para que convoque elecciones antes de fin de año a fin que Keiko, “gane” sin rivales. El viejo Marx tenía razón: la historia se repite, sólo que la primera vez como tragedia; y la segunda, como comedia

Por eso cuando “los medios”, hablan de “corrupción”, la sitúan en el marco de los gobiernos de Toledo, García y Humala; pero no al fujimorismo. Y cuando se ven forzados a hacerlo, aluden a Alberto, pero no a Keiko. A ella, no la tocan. Creen, de ese modo, “mantener limpia” la imagen de la Carta Política de la Mafia, para ponerse a su servicio en un nivel más alto, apenas eso sea posible. Fracasaron ya en el 2011 y en el 2016, pero bien quisieran “patear el tablero” y no esperar más: la impaciencia de Keiko no resiste ya.

Hay que decir, sin embargo, que Keiko tiene una muy pesada alforja en la materia: tuvo “entrevistas privadas” con el señor Barata, cuyo contenido aún no ha sido revelado; está vinculada al Lavado de Activos, protegiendo a sus oscuros socios Joaquín y Osías Ramirez –hoy congresista de su Partido-; debe aclarar los orígenes de su fortuna que le permitieron comprar acciones de varias empresas, entre ellas la mina de oro Pierina; debe deslindar con su hermano Kenyi, el caso de la Empresa Limasa, donde se halló un conceptuoso cargamento de cocaína; negocios turbios y otros temas.

Como lo sostuviera recientemente el Centro de Estudios “Democracia, Independencia y Soberanía”, es claro que la corrupción detectada y denunciada, constituye una verdadera afrenta al Perú y a todos los peruanos. Con las fortunas acumuladas por funcionarios corruptos en los últimos 40 años, habría sido posible atender -y resolver- los problemas de agua, luz, educación y empleo que agobian hoy a millones de peruanos. Con esos recursos bien podría haberse acabado con el analfabetismo, la desnutrición infantil, el hambre, la desocupación, y los problemas de vivienda que constituyen el reto principal de la patria en nuestro tiempo. También se podría haber evitado la muerte de millones de peruanos, victimas del abandono constante de las autoridades y el Estado.

¡Cuántos proyectos de industrialización, progreso y desarrollo podrían haberse financiado con recursos que hoy asoman dilapidados por sucesivos gobiernos corruptos, expresión del envilecimiento de la clase dominante! ¡Cuántos hospitales, colegios y centros de trabajo; podrían haberse puesto en marcha! ¡Cuántos proyectos agrícolas, obras de electrificación , centrales térmicas, viaductos, carreteras, y otros; podrían haber fructificado en el Perú, de no mediar el robo descomunal de recursos detectado y denunciado, pero aún no castigado.

Como lo señalara uno de los más calificados economistas del país, el profesor, Bruno Seminario; el impacto Odebrecht en la economía peruana lo veremos en los próximos dos años. Y podrá tornarse aún más complicado a la sombra de la política norteamericana esbozada por Donald Trump, que golpeará también nuestra economía.

Conscientes de eso las protestas nacionales se han desarrollado en todo el territorio nacional y han servido para denunciar con firmeza estas expresiones corrosivas de descomposición moral, exigiendo investigación y sanción ejemplar para todos los que formaron parte de estas verdaderas bandas delictivas, parapetadas tras membretes partidistas y escondidas en promesas electorales que nunca fueron cumplidas.

Los involucrados en estas lacras –Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala- deben ser prolijamente investigados y sancionados de acuerdo a sus responsabilidades, la naturaleza de sus delitos y los montos acumulados en su beneficio. ¡Ninguno de ellos, ni sus colaboradores, testaferros u otros, deben quedar impunes!

¿De qué se les acusa a estos “Santos Varones”? Podríamos caer en la tentación y decir: ¡de todo!, pero no es verdad: de casi todo. En el Perú la frase “Banda Presidencial” aludía a la tela que se cruzan en el pecho los mandatarios en los actos oficiales. Pero hoy, el ingenio popular dice que “la banda presidencial” está integrada por los ex mandatarios en riesgo de dar con sus huesos en la cárcel.

En el caso de Fujimori los cargos abundan: La matanza de Barrios Altos, La Cantuta y Pativilca; el secuestro y tortura de periodistas; las esterilizaciones forzadas, los tratos con Odebrecht, el contrabando de armas, desvío de fondos de la Fuerza Armada, compra de los medios de comunicación, apropiación cuantiosa de recursos del Estado, coimas a congresistas, periodistas y políticos por doquier. Encabeza, sin duda, a fila de los acusados, por mérito propio, pero encarna, además, numerosas otras prácticas que envilecieron la vida nacional y que aun gozan de la mayor impunidad.

También abundan con Alan García: Tren Eléctrico, coimas, el desvío de reservas del BCCI, los Mirages, los Narco-indultos, los Petro-audios, Bussines Track y el espionaje telefónico, la Interoceánica, los sobornos, las propiedades malhabidas, la matanza de los Penales, el Comando Rodrigo Franco, la “guerra sucia” y su secuela, el negocio del agua, el Baguazo y otros crímenes. Y también por cierto, sus oscuros vínculos con el consorcio brasileño. Aludiendo a la relación entre García y Barata, el periodista Glatzser Tuesta, dice: “Se reunieron 16 veces en Palacio de Gobierno, viajaban juntos en el avión presidencial, conversaban en privado, sacaban contratos a favor de los brasileños llamados “adendas” por 1,900 millones con ellos”, pero aún no lo incriminan.

Contra Toledo, la carga es menor: sobornos de Odebrecht y el “caso Ecoteva”, una empresa aparentemente vinculada al lavado de activos. Por lo pronto, ha buscado refugio en los Estados Unidos aunque en su plan estaba irse a Israel ya que gobernó ligado a un “clan sionista” en el que destacaba su “Jefe de Seguridad”, un hombre del Mossad, Avvi Danónn; y el financista y banquero Josef Maiman

Y contra Humala, se arguyen los “aportes del exterior” a su campaña electoral del 2011, que provendrían de la empresa brasileña. Se le imputa más a su esposa Nadine, a quien se le atribuye haber recibido tres millones de dólares para esos efectos.

Las encuestas dicen que el 87 % de los entrevistados considera a Alan García “el más corrupto de los peruanos”. Pero es, AGP es, al mismo tiempo, el que tiene mayor impunidad. Hoy mismo vive en España, y con inusitado descaro, cobra cien mil dólares por cada “Conferencia” que le programa Odebrecht

Hasta aquí, la “línea de los políticos”. Pero también hay empresas seriamente vinculadas al tema. “Graña y Montero”, el más poderosos consorcio de la construcción en el país, está asociado a Odebrecht, y comparte con la empresa brasileña, el uso de los fondos para la corrupción. El consorcio constructor cuestionado está estrechamente ligado al diario “El Comercio”-“El Mercurio” peruano. Y ese boyante “grupo económico” tiene el control del 75% de los medios de comunicación en prensa escrita, radial y televisada. Es el verdadero pulpo de las comunicaciones. Presidente del Directorio de “GyM” es, nada menos, que José Graña Miro Quesada, “la familia propietaria” del Decano de la Prensa Nacional

Aludiendo precisamente a Graña y Montero, el delator brasileño dijo recientemente: “El pago ha sido por Odebrecht, pero el resto de empresas sí tenían conocimiento, no detalles, pero sí sabían que existía el acuerdo. Lo que sí es cierto es que se distribuyó entre los consorciados, no recuerdo la fórmula exacta, esto lo verificaré. Esto fue más o menos así, ellos sabían que habíamos pagado, y sabían que tenían que asumir lo que correspondería”.

No hay que olvidar, adicionalmente que el Gran Capitán de la Banca Peruana, Dionisio Romero dijo en más de una oportunidad, que él había entregado “aportes” a las campañas electorales de diversos partidos –el APRA, el PPC y el Fujimorismo, sin duda- en el mismo estilo en el que -se supone- Lula habría facilitado recursos al Nacionalismo Peruano para competir en las elecciones nacionales del pasado 2011. ¿Se puede considerar a eso, un delito?

No es entonces “La Izquierda“, la que debe pagar los platos rotos de esta cuenta. Es el modelo Neo Liberal y la clase dominante, la que ha sido pillada con los dedos en la tinta. Es ella, y sus capitostes, los que deben responder, y atenerse a las consecuencias.

En circunstancias como esta, vale recordar a José Carlos Mariátegui. Con mirada de oráculo, nos dijo: «En el Perú no hemos tenido clase dirigente sino clase dominante incapaz de constituirse políticamente en una fuerza que pueda organizar la sociedad con cierta coherencia y arrogarse el derecho de representarla.

¡Y vaya que sí!

(*) Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / http://nestrabandera.lamula.pe

 
 

www.jornaldearequipa.com