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El 9 de julio y la necesidad de una organización leninista
La Redacción



Días antes del día del Paro Nacional, ALPROSA, la fábrica de alimentos procesados de Arequipa, había contratado 40 personas, por un día, para cubrir la labor de los 40 trabajadores sindicalizados que habían decidido acatar la decisión de su central (La FDTA) de impulsar el Paro Cívico Popular decretado por la CGTP. De esta manera los 40 esquiroles cubrieron la labor de los sindicalizados. Ellos, más los trabajadores tercerizados proporcionaron la fuerza laboral para que la fábrica no parara, proporcionando a los Ministerios del Interior y de Trabajo cifras para que las estadísticas señalaran que en Arequipa todo había transcurrido con total normalidad y Alan García, el payaso que nos gobierna, se llene la boca para decir que ni el 5 % de la fuerza laboral había paralizado el 9 de julio.

ALPROSA no fue el único caso. Esta nueva forma patronal de resolver los desafíos laborales “agarra” desprevenidos a los trabajadores, quienes ya deberían tener una formula para enfrentar estos casos; pues, en un Paro Laboral por más “Cívico Popular” que sea lo que se pretende es parar la producción que ha disminuido considerablemente en Arequipa desde hace dos décadas pues sucesivos gobiernos han ido desindustrializando nuestra ciudad para convertirla en una factoría de productos elaborados en el Este Asiático y traídos de Chile y Bolivia para su comercialización aquí. De hecho, y sino hacemos algo, el TLC con EEUU acabará con las pocas industrias que aún tenemos y terminaremos importando cebolla y ajos; y hasta ocopa, si es que en Chile ya la han patentado, como el pisco y la papa.

Poco a poco estamos regresando a la era presindical, al punto de partida de las luchas del proletariado después de la segunda revolución industrial. Y esto amerita responder de la misma manera al capitalismo agresor e imperialista. Golpe por golpe. La única manera de enfrentar, con éxito, esta embestida es la reformulación de una poderosa organización que asimile el marxismo como teoría y el leninismo como práctica organizativa. Las capillas partidarias para mantener determinados cotos están desfasadas. Debemos propender a formar una poderosa organización política donde cada quien cumpla una tarea o una función, con un Estado Mayor que tenga la autoridad suficiente para dirigir la lucha contra el capitalismo sin ambages ni medias tintas. Sólo un partido dirigido por lo más lúcido de los trabajadores y por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia.

Hoy, en la práctica, desde el seno de algunas organizaciones revolucionarias, se viene negando la necesidad de plantear la lucha revolucionaría de la clase obrera para el derrocamiento del capitalismo que es el causante de todas nuestras miserias. Ya nadie, en estos días, quiere hablar de teoría revolucionaria y se viene rindiendo culto a la espontaneidad que es una teoría decididamente contraria al carácter revolucionario del movimiento obrero. El espontaneísmo es contrario a la orientación del movimiento hacia la lucha contra los fundamentos del capitalismo. El espontaneísmo se preocupa solo por las reivindicaciones aceptables para el capitalismo, patrocinando el juego de la lucha sindical dentro las reglas que este impone. Esto ha venido ocurriendo al no marchar la organización revolucionaria al frente de la clase obrera, a la cabeza del movimiento.

Arequipa paró, es cierto. Las calles estuvieron desiertas y la Plaza de Armas llena. Una multitud atiborró de bote a bote la plaza mayor de Arequipa y cada agremiación hizo notar su presencia con gritos o pancartas en un interminable desfile de sindicatos y urbanizaciones. Cierto es que la FDTA arrastró el grueso de la movilización junto al SUTE y varios sindicatos importantes; pero cierto es, también, que una buena parte de la manifestación no tenía rumbo, tal es el caso de Construcción Civil, el otrora tan disciplinado destacamento obrero, no quiso sumarse al conjunto de trabajadores solo para demostrar que es el sindicato más poderoso de la región. Lo mismo hubieron “organizaciones” que se jugaron por el fracaso del Paro prolongando, con evidente intención diversionista, el plazo acordado por la CGTP haciendo el ridículo, tal como lo denunció el PC en Arequipa.
 

Nació un líder


Finalmente, además de la contundencia del movimiento, quizás lo mejor que pudo pasarle al movimiento obrero el 9 de julio es el reconocimiento por tiros y troyanos de Mario Huamán Rivera como su líder natural. Solo pequeñas mezquindades y algunos celos podrían negarle al dirigente obrero de Construcción Civil esa calidad. Quizás después de Raúl Acosta, el del año 52, no ha vuelto a aparecer hasta hoy un líder nacional con esas características. Huamán dejó mal parado ante el país al Primer Ministro de García utilizando una lógica elemental y un lenguaje sencillo. Bastó con decirle “Yo señor, trabajo desde que tengo 12 años, allá los que nunca lo han hecho. Y usted sabe a quien me refiero. A quien le caiga el guante que se lo chante”. La elegante alusión al presidente de la república fue más que elocuente. La segunda fue mejor “Yo no fui comunista, soy comunista. Y conmigo luchan buenos y honrados apristas que están en contra de este gobierno. ¿Ud. fue aprista, no?" El pobre Del Castillo trastrabilló tanto que sus posteriores burlas cayeron demasiado pesadas hasta para Raúl Vargas, que oficiaba de partenier del ministro. Desde entonces para el movimiento obrero se fue perfilando un líder no solo con capacidad organizativa sino con un carisma que hasta entonces no se le conocía.

(*) Secretario de Educación del Comité Ejecutivo de la Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa.

 

   
 

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