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Piura ha dado al Perú
las dos glorias más grandes de su historia
republicana, uno en cada siglo.
Piura, silenciosamente, ha parido dos
caballeros, dos militares. Uno de ellos
marinero: Grau, y el otro soldado de a pie:
Velasco. Los dos, de una u otra forma, han
sido determinantes en la historia del Perú.
Miguel Grau, con un monitor acondicionado, dio
no solo muestras de valor, sino de honor,
generosidad y amor a la patria y Juan
Francisco Velasco Alvarado demostró no sólo
valor, sino también honor y generosidad. Pero,
por lo que más se recordará a este general del
ejército peruano será por haber inculcado en
nuestro pueblo el concepto de dignidad
nacional, concepto que, por cierto, la
burguesía parasitaria del Perú, lo que José
Zuzunaga llama lupembuguesía, no conoce.
Para los que no sepan, Velasco estudió en un
colegio nacional, el de su tierra, y al
concluir la secundaria viajó a Lima para
ingresar al ejército como soldado raso,
voluntario, estudiando en la "escuela de
clases". Ese año ascendió a cabo y como tal
ingresó a la escuela militar de Chorrillos de
la que egresó como subteniente de infantería.
Fue comandante general de la segunda división
ligera y jefe del estado mayor de la primera
región militar. También agregado militar en
Francia y ante la Junta Interamericana de
Defensa. Igualmente fue jefe del estado mayor
general, inspector general y comandante
general del ejército. Finalizó su carrera
militar como presidente del comando conjunto
de las fuerzas armadas del Perú
Todo este bagaje militar sirvió para conocer
el país, de punta a punta, teniendo la
oportunidad de constatar cómo era expoliado
por las transnacionales extranjeras, mientras,
un empresariado "nacional" parasitario, ocioso
y subsidiario de esas transnacionales
"gobernaba" el país para usufructo de sus
patrones extranjeros.
Juan Francisco Velasco Alvarado fue el soldado
más brillante que ha tenido el Perú después de
Ramón Castilla, el gran tarapaqueño.
Nació pobre y murió pobre.
Tuvo la hombría de enfrentarse al imperialismo
y a la oligarquía.
Por él se recuperaron nuestras riquezas
naturales.
Se repartió la tierra a los campesinos.
Se nacionalizó el petróleo y las minas.
Se nacionalizó la industria pesquera y los
ferrocarriles.
Se desarrolló nuestra marina mercante y la
aviación comercial.
Se dio participación a los trabajadores en las
ganancias de sus empresas.
Se impulsó la educación.
Por él fuimos potencia energética que Fujimori
remató ante el aplauso de empresarios y
banqueros.
Sin embargo, lo maltrataron con ensañamiento,
no solo empresarios y banqueros sino algunos
beneficiados de sus reformas.
Sus detractores fueron y serán los de siempre:
los terratenienentes de horca y cuchillo, la
burguesía expropiada y los "revolucionarios"
que hoy arrepentidos lamentan su conducta.
Como sucede casi siempre en la historia, la
felonía y la traición* acabaron
con el mejor gobierno de la historia
republicana del Perú.
Velasco, sin embargo, vivirá eternamente en la
memoria de los cien mil limeños que,
desafiando la represión del traidor Morales
Bermudes, le
acompañaron a su morada final.
Velasco vivirá en el recuerdo de los pueblos
del Perú y, más temprano que tarde, volverá,
como escribiera Gustavo Valcárcel, el gran
poeta comunista arequipeño, "en el agua que
besará el desierto y en el regazo de las
comunidades indias". Esos versos dedicados a
Mariátegui (25 años después de su muerte) y al
partido comunista sirven, perfectamente, para
Velasco. Porque él, también, volverá en el
campo repartido entre los indios y en las
comunidades campesinas. En el petróleo que
nacionalizó y en la tierra devuelta a sus
milenarios dueños.
Velasco volverá "en el átomo, el carbón y el
hierro; en la electricidad popular llena de
luces; en el maíz...". Volverá "en el rocío de
la vida; en la risa marina de los negros; en
el campo repartido entre los indios; en la
dicha nacional de las mujeres. En la salud y
el agua y en el alfabeto viviente de los
libros".
Volverá
en las fábricas de los trabajadores que
protegió con sus leyes y que hoy luchan por
recuperar sus ocho horas de trabajo o el
trabajo mismo los que fueron despedidos.
Volverá en los trapiches de Laredo, Pomalca y
Chucarapi. En Cerro Verde y Marcona, humillada
por capitalistas chinos. Y en el Cerro de
Pasco depredado. Y si Mariátegui, a decir de
Gustavo Valcárcel, volverá sobre los hombros
gloriosos del Partido Comunista. Velasco
volverá sobre los hombros de los trabajadores
de las haciendas azucareras cooperativizadas,
los trabajadores petroleros de Talara y los
pescadores de Chimbote.
Finalmente, volverá sobre los hombros de su
tropa y sus reservistas que dieron la
clarinada de Año Nuevo en Andahuaylas, en los
lomos fieros de los trabajadores arequipeños
que en junio del 2002 se levantaron contra la
privatización de sus empresas y en los puños
encrispados de los campesinos de Ayabaca y
Alto Piura que pelean para que no les
envenenen ni el aire ni el agua ni la tierra.
Y volverá para quedarse, por más obstáculos
que le pongan los felones los que lucran con
el dolor de los iqueños bajo el mando de su
gran patrón del norte, del que mata en Irak y
ataca a la razón. "Volverá con su cuerpo
completo y su espíritu intacto".
Escrito para La Jornada (Publicación de la
FDTA) en Octubre del 2003
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