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Si no
recuerdo mal, fue la periodista argentina Olga
Wornat quien citó en su libro Menem. La vida
privada esta frase de un congresista de su
país: “¡dejen de robar dos años y se resuelven
los problemas de Argentina!”.
El jefe de la página económica del diario
bonaerense La Nación me aclararía después que
en verdad la frase fue: “¡dejemos de afanar
dos años y se resuelven los problemas de
Argentina!”.
El congresista había resultado uno de los
ladrones.
El episodio me vino a la memoria al leer el
comunicado del Apra que condena y expulsa de
sus filas a Rómulo León Alegría y Alberto
Químper Herrera por el escándalo del “faenón”
con que, a cambio de una paga en dólares,
auspiciaron a la empresa petrolera noruega
Discover Petroleum.
“Ahora sólo falta que la corrupción expulse a
Alan García”, comenta Víctor Hurtado.
Porque hay un ancho contexto de corrupción y
manejos oscuros detrás de todo esto. El
gobierno aprista está tan podrido que hasta
hay corrupción dentro de la corrupción.
Existe una red de nombres empinados que
resultan involucrados, incluido el premier
Jorge del Castillo. Nos recuerdan que en el
gobierno alanista hay escándalos de corrupción
que no alteran los nervios del Apra: venta
irregular de terrenos del Estado, sospechosa
venta del aeródromo de Collique, compras
turbias de patrulleros, etc., etc.
Existe, en suma, una corrupción generalizada,
sistémica, como en tiempos de Fujimori, sólo
que ahora no es centralizada en la cúspide,
sino que abarca toda la anatomía del Estado.
El otro lado oculto es que hay intereses que
rivalizan con Discover Petroleum. Ellos no
sólo disputan los campos petroleros, sino que
buscan impedir que Petroperú recupere su
función exploratoria.
El fundamentalista Jaime de Althaus revela sin
querer esa estrategia: “Esto demuestra que el
Estado no debe meterse en la actividad
empresarial”. ¡Como si no existiera en Brasil
la gigantesca, ultramoderna y lucrativa
Petrobras! ¡Como si Venezuela no se
beneficiara con el papel estatal en el sector
del gas y el petróleo!
El régimen está podrido y tiene ramas
podridas: todas pertenecen al árbol
partidario. El portaestandarte es Agustín
Mantilla; pero ya vemos que también Rómulo
León tenía influjo en el poder, sobre todo en
Energía.
Como se recuerda, León fue ministro en el
primer período de García. Salió con una
fortuna en su cuenta bancaria. Se le descubrió
un desbalance patrimonial millonario. El Apra
lo expulsó y la justicia, aunque influida por
el aprismo, le embargó sus bienes. En el 2006
quiso ser candidato al Congreso. Su gran amigo
Alan García le dijo que no, por sus
antecedentes. Como premio consuelo, puso a la
linda Luciana León, hija del pecador, en la
lista partidaria.
Todo queda en casa. El Apra es hoy la casa de
la corrupción.
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