Verónika Mendoza, candidata presidencial

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 Nelson Manrique

 

 

 

 

La elección del 4 de octubre ha demostrado la perfecta factibilidad de la realización de elecciones primarias para elegir al candidato presidencial. Es de esperar que en algunos años esta sea una práctica común a todos los partidos, de derecha e izquierda.

 

Con el reconocimiento del triunfo de Verónika Mendoza en los comicios convocados por Frente Amplio ha culminado la primera experiencia en la historia política peruana de elegir un candidato presidencial en elecciones ciudadanas libres y abiertas. “Ganó la ciudadanía –escribió Marco Arana–. Han sido unas elecciones limpias, transparentes y justas. A construir el cambio con Verónika Mendoza presidenta”. Alrededor de 32 mil ciudadanos se movilizaron en todo el país para depositar su voto, una respuesta cuya verdadera importancia se puede valorar comparándola con experiencias similares llevadas adelante en otros países, cuyos datos nos trajo hace unas semanas Steven Levitsky.

Al reconocer públicamente el triunfo de Mendoza y al convocar a los militantes del Frente Amplio a reunirse en torno a su candidatura, Marco Arana ha dado una lección de desusada grandeza en un medio político donde estos gestos son excepcionales. Desmintió así los vaticinios de los agoreros, que aseguraban que, teniendo su partido la inscripción legal, no iba “a soltar” la candidatura presidencial, y los de aquellos que pronosticaban que recurriría a medios vedados para imponerse.

Arana tuvo una prueba de fuego cuando se denunció la comisión de graves irregularidades en el distrito de Pomalca, con miles de votos que lo favorecían. Hecha una sumaria investigación se concluyó que se había cometido un grave fraude, que fue denunciado por el propio Marco Arana y la dirección de Tierra y Libertad, que anunciaron que entregarían las pruebas del delito al comité electoral pidiendo la nulidad de la votación de todo Pomalca y anunciando sanciones para los responsables, que incluyen su expulsión del Frente Amplio y su denuncia ante la fiscalía.

Esta limpia decisión provocó la protesta de sectores duros entre sus seguidores: “decenas de personas que habían supuestamente votado por él y que lo apoyan a todo meter –escribe Rocío Silva Santisteban– salieron a las redes sociales a decir que ‘él no había defendido el voto como debía ser’ o que ‘no se había luchado lo suficiente’. ¿No se ha luchado lo suficiente significa que se debió defender votos ensombrecidos por el fraude a como dé lugar para ser candidato aunque sea con votos truchos? Marco Arana lo ha dicho y es real: más importante que esta elección es fortalecer un movimiento político para que los demás, amigos, aliados y enemigos, lo vean como una verdadera alternativa a esta política de usina a la que estamos acostumbrados (…) Marco Arana no se va a ensuciar por votos mal avenidos, con engaños, firmas en actas vacías y demás (…) Arana está defendiendo además la honorabilidad del partido Tierra y Libertad, del proceso de elecciones del Frente Amplio y de su propia intachable trayectoria. Marco Arana es un político honesto y no estamos acostumbrados a ver eso” (http://bit.ly/1L6WTxA).

En esta elección se cometieron varios errores, el primero de los cuales fue no reprogramarlas de tal manera que se pudiera contar con el apoyo técnico de la ONPE. La falta de experiencia, por otra parte, provocó una prolongación del proceso de conteo de votos que alimentó desmoralización y suspicacias. Aunque el triunfo de Verónika Mendoza ha solucionado el tema de fondo, existe una disputa entre los partidos coleros por el tercer lugar, lo que prolonga el proceso con impugnaciones que no van a modificar el resultado final, pues Mendoza lleva una ventaja de unas seis veces al líder del pelotón de los pequeños.

La elección del 4 de octubre ha demostrado la perfecta factibilidad de la realización de elecciones primarias para elegir al candidato presidencial. Es de esperar que en algunos años esta sea una práctica común a todos los partidos, de derecha e izquierda.

En adelante al Frente Amplio se le plantean múltiples desafíos. Es necesario cerrar filas solucionando las contradicciones que el proceso ha desencadenado, organizar la campaña presidencial, propagandizar el programa y al mismo tiempo buscar concretar la unidad con los otros bloques de la izquierda, un proceso que deberá enfrentar viejos vicios: caudillismo, sectarismo, tratamiento infraterno, desconfianza y escepticismo ante cualquier intento de alterar el panorama. Juega a favor el proceso de renovación de los liderazgos, con jóvenes que se han formado independientemente de los viejos dirigentes y que están abiertos a nuevas experiencias, que son capaces de expresar mejor las demandas de los trabajadores y de los otros colectivos que han adquirido un creciente protagonismo durante las últimas décadas.

Se trata de reinventar la izquierda poniéndola al día con los cambios que viene experimentando el mundo.
 

 

 

 

 

 

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