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La larga mano de Rafael Rey

¿A qué pedófilo blinda el fujimorismo?

 

 

 

 

 

Qué fácil es ser pedófilo
Por el blindaje, el silencio cómplice y la indiferencia
Augusto Álvarez Rodrich


La posición cambiante del fujimorismo sobre los abusos sexuales del Sodalicio de Vida Cristiana (SVC) es nauseabunda, refleja escaso interés por combatir al pedófilo, y confirma el pleito creciente entre los hermanos Keiko y Kenji Fujimori.

Anteayer, el fujimorismo impidió que se forme una comisión investigadora sobre los delitos cometidos por los violadores del SVC, un objetivo indispensable para darle visibilidad a un hecho inaceptable que la justicia peruana y el Vaticano quieren enjuagar para blindar a estos delincuentes.

Los congresistas Alberto de Belaunde y Marisa Glave hicieron bien en denunciar este blindaje a violadores perpetrado por los fujimoristas presentes en esa sesión del comité directivo así como de las que, como Lourdes Alcorta y Úrsula Letona, se ausentaron oportunamente.

Y, entonces, el multipropósito congresista Luis Galarreta salió a justificar lo injustificable: por qué no se debe crear la comisión para investigar las violaciones del SVC.

¿Por qué votó así el fujimorismo? ¿Alguien del estado mayor de Fuerza Popular no se apellidará como el violador y fundador del SVC Luis Fernando Figari? ¿Algún pedido especial a Keiko Fujimori de algún arzobispo que quiera blindar a estos pederastas?

Pero todo cambió cuando, al día siguiente, Kenji Fujimori tuiteó: “¡Nauseabundo! NO SE DEBE blindar a un presunto abusador sexual, el tema #Figari NO fue debatido en @bankadafp ¿Quién encubre a #Figari?”.

Y, entonces, el multipropósito Galarreta salió a justificar lo injustificable: “Reconsideramos posición a pedido de Keiko Fujimori”.

¿Realmente, lo pensaron mejor, o la fraternal rivalidad le impidió a Keiko, para impedir el despunte de Kenji, cumplir algunos pedidos, y tener que retractarse, aunque sus congresistas queden como payasos?

No se puede dejar de felicitar al fujimorismo por cambiar de opinión –aunque sea solo por el pleito interno en el partido– y por las iniciativas para lograr la imprescriptibilidad de los delitos de abusos sexuales.

Pero es lamentable que pongan el grave problema del abuso sexual de menores como parte de una negociación política y no como un asunto de fondo por resolver, en el cual es evidente, como lo demuestran los casos lamentables del SVC y del Colegio Héctor de Cárdenas, que en el Perú es muy fácil ser un pedófilo, durante mucho tiempo, debido a la indiferencia, los silencios cómplices y el espíritu de cuerpo de los colegas de los violadores, así como de la protección que les dan muchas autoridades, dentro y fuera del país.

 
 

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