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El ejemplo de Jorge Del Prado

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 Escrito por Teófilo Bellido

 

 

 

 

Mucho se ha escrito y escribirá acerca de Jorge del Prado, pero uno de los testimonios humanos más cálidos sin duda corresponde a Armando Villanueva del Campo: “A fines de noviembre de 1934- dice- , conocí a Jorge del Prado en la prisión del Frontón. Junto con un centenar de jóvenes apristas habíamos caído presos en esos días al intentar capturar el arsenal militar de Barbones, dando comienzo a una gran rebelión contra la dictadura del general Benavides. Del Prado, a su vez, estaba preso por haber participado en las huelgas mineras del centro del Perú. Él tenía 25 años y yo 18. Por esos días la lucha entre apristas y comunistas era radical. Frente a problemas nacionales y a los distintos gobiernos dictatoriales, las discrepancias y los encuentros, a veces violentos entre apristas y comunistas se repitieron muchas veces. La historia y la literatura política guardan testimonio de lo que estoy expresando. Nosotros acusamos muchas veces a los comunistas de colaborar con gobiernos en la lucha contra el APRA. Pero hay algo que resaltar en todo ese proceso, mucho de cuyos aspectos corresponde juzgar a la historia; y es que Jorge del Prado desde su juventud, cuando yo lo conocí, hasta su ancianidad dio siempre un ejemplo de honradez intelectual, de limpieza cívica, de firmeza en sus convicciones y de lealtad con sus adversarios. Fue un maestro por el ejemplo de su vida que los peruanos no deben olvidar cualquiera que sea su posición política”.

 

 

Los grandes movimientos sociales se generan no solo como efecto de lo que el marxismo conceptúa como condiciones objetivas, tiene que existir además una fuerza consciente que los dirija, que los transforme en ideología, en programa y orientación correcta. El papel de las masas es determinante, pero la historia demuestra que son necesarios los hombres, líderes que interpreten debidamente la situación con una clara visión de futuro, que tengan poder de convencimiento, que gocen de confianza y credibilidad, que las multitudes los sigan y sean capaces de conducir a las masas hacia la transformación de la realidad cuestionada rumbo a un objetivo superior que, desde la óptica del Partido Comunista Peruano, es el socialismo.


La vida de Jorge del Prado (15 de agosto 1910 - 13 de agosto 1999) está íntimamente ligada a la historia del partido que fundara Mariátegui al que ingresó muy joven recibiendo directamente el impacto de la personalidad y las enseñanzas del Amauta. El diario “La Primera” dijo en alguna ocasión: “Ningún líder político en la historia del Perú sufrió tanto, ni el Estado-nación fue tan cruel para castigar tan despiadadamente, sobre todo para encarcelar muchas veces a Del Prado. Sin embargo, nada pudo doblegarlo”. Muchas veces recluido en cárceles como el Sepa y la Isla El Frontón, antiguos penales símbolos de vergüenza nacional donde se aplicaban métodos antihumanos y terribles torturas contra los presos políticos, especialmente si eran comunistas.

Pero no solo es el aspecto mártir, que de por sí es admirable, lo que destaca en Jorge del Prado. “Lo más trascendente y epónimo de su quehacer es el ejemplo vivo de lealtad a sus principios e ideales, su honestidad y pureza de conducta que lo convierten, quizás, en la personalidad peruana más auténtica y diáfana del siglo que feneció”, señaló su hijo Vladimiro del Prado en la ceremonia de homenaje por el centenario de su nacimiento que en agosto del 2010 organizó el Congreso de la República.

Desde sus inicios como militante, Jorge del Prado asumió el deber de construir y darle fuerza a la organización política de los trabajadores para luchar por la transformación radical de la sociedad peruana, objetivo central trazado por José Carlos Mariátegui. Su labor se configura como la meridiana expresión del líder de la época histórica que le tocó vivir. La calidad de liderazgo individual y colectivo que puso en práctica no se paraliza en los “viejos tiempos” sino que trasciende a las nuevas generaciones de militantes y dirigentes como un ejemplo en la conducción y desarrollo del Partido Comunista Peruano.

Su actividad estuvo ligada a la realidad nacional para pronunciarse en la forma más oportuna y señalar el qué hacer político del partido en el seno del pueblo, de la misma manera siguió atento los hechos mundiales. Siempre ligado a los trabajadores, con su orientación, elaboración de lineamientos políticos, escribiendo folletos y libros como el “Manual de sindicalismo, organización y lucha sindical”, formando cuadros y ayudando a fortalecer la fibra de dirigentes sindicales de la talla de Emiliano Huamantica, Isidoro Gamarra, Pedro Huilca, símbolos de la clase obrera peruana. Desde la dirección del PCP contribuyó decididamente a la reconstrucción de la CGTP, fortalecimiento y desarrollo.

Incansable luchador por la defensa de la organización partidaria y los fundamentos ideológicos que lo animan, la unidad del Comité Central y de los organismos intermedios de dirección. En los años aurorales del PCP destacó la gesta contra Eudocio Ravínez y quienes intentaron en los años 40 desaparecer a Mariátegui del PCP. Después de una ardua lucha interna, Ravínez terminó como un traidor poniéndose al servicio de la oligarquía y la derecha más cavernaria en el Perú. En la obra “Cuatro Facetas de la Historia del PCP” del Prado da cuenta de estos hechos y los intentos fraccionalistas hasta 1978, labor de intenso debate y deslinde ideológico que nunca descuidó.

Sus libros, diversos escritos y ensayos nos muestran que el camarada Simón, como se le conocía internamente, fue un estudioso de la teoría revolucionaria interesado en aportar a su desarrollo, a la historia del PCP y elevar la conciencia de lucha por el socialismo.

Fue uno de los organizadores del Primer Congreso Nacional del Partido Comunista realizado entre el 29 de setiembre y el 5 de octubre de 1942. “Unidad”, en su edición especial por el 50 aniversario de su fundación, señala en un cuadro que Jorge del Prado fue elegido por primera vez Secretario General del PCP en el II Congreso Nacional de 1946, cargo que retomó en el IV congreso de 1960 para ser continuamente reelecto hasta el X Congreso en 1991, donde es reemplazado por Renán Raffo.

Luego del histórico paro nacional del 19 de julio de 1977 que obligó a la dictadura del General Morales Bermúdez a iniciar su retirada, Jorge del Prado lideró la recolección de firmas para la inscripción legal del Partido Comunista Peruano ante el Jurado Nacional de Elecciones en marzo de 1978.

El voto popular lo eligió integrante de la Asamblea Constituyente de 1978-1979 junto a Raúl Acosta, Isidoro Gamarra, Eduardo Castillo, Luis Alberto Delgado Béjar y Alejandro Olivera Vila, nítida bancada comunista. Jorge del Prado contribuyó resueltamente para que en la carta magna de 1979 se incluyan derechos ciudadanos y laborales conculcados hasta entonces y que después Fujimori anuló con la espuria Constitución de 1993. Siendo Senador de la República (1985 y 1990) representando a “Izquierda Unida”, desempeñó gran labor en defensa de una auténtica democracia y los derechos humanos. Nuevamente electo en 1990 fue destituido luego que el dictador decretara disolver el Congreso en abril de 1992.

Jorge del Prado sobrepasa la vida del Partido Comunista Peruano para ser considerado una de las principales figuras en la lucha del pueblo peruano por democracia y justicia social, por la unidad y el socialismo en nuestra patria.

 

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