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Kenji Fujimori calificó de “nauseabundo” el hecho de no investigarlo

Sodalicio destapa al fujimorismo

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CÉSAR LÉVANO

 

 

 

 

El martes 7, la mayoría fujimorista del Consejo Directivo del Congreso impidió que se cree una Comisión Investigadora de los delitos sexuales y psicológicos cometidos por los dirigentes de Sodalicio y Vida Cristiana, entidad que durante décadas, tras la cortina de un catolicismo fanático y reaccionario, abusaba de niños y adolescentes.

Con un simplismo burdo, el vocero del fujimorato en el Congreso Luis Galarreta justificó el blindaje con el pretexto de que el Parlamento no investiga delitos sexuales. Con esa lógica cabría aducir que el Congreso no debe investigar los problemas de seguridad ciudadana porque su papel no es investigar robos y asesinatos.

En la votación sobre el pedido para que se investigue la malsana institución votaron a favor los miembros del Frente Amplio y de Peruanos Por el Kambio, el partido de PPK. Los del Apra y Acción Popular se abstuvieron.

Sodalicio era una institución que había penetrado en la educación pública con el velo del fundamentalismo y gracias al amparo del clero fascista, influido desde la España franquista. Su campo de acción eran algunos de los colegios más exclusivos del país. Su defensa de la Iglesia católica y de la moral religiosa era solo un pretexto. Nada más inmoral que sus prácticas que el fujimorismo busca encubrir.

El blindaje fujimorista no solo desnudó su endeble contextura ética. Puso de manifiesto también su coalición con sectores cavernícolas del evangelismo, como el pastor Rodolfo González, quien pide matar a los homosexuales.

Ha sido tan incorrecto y tan chocante el acuerdo del fujimorismo en el Consejo Directivo del Congreso, que desde el interior de Fuerza Popular se han manifestado disgusto y oposición. Kenji Fujimori ha llegado a calificar de “nauseabundo” el hecho de no investigar a Sodalicio.

En la propia bancada digitada por Keiko Fujimori se habla ya de desandar lo andado. Luz Salgado, presidenta del Congreso, trató de desviar la atención pública, anunciando que hay tres proyectos de ley contra el abuso sexual.

Eso es otra cosa, pueden ser muy buenos los proyectos, pero son otra cosa. Lo que periodistas, líderes eclesiásticos, padres de familia exigían y exigen es que el Congreso investigue y se pronuncie sobre un grupo que era una amenaza contra jóvenes, muchos de los cuales han tenido el coraje de denunciar los abusos que malograron para siempre sus vidas. Era una lección de moral lo que se exigía.

 
 

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