Arequipa,

Dossier

Consecuencias del gobierno de Juan Velasco Alvarado

Antonio I Valiente Román

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El presente trabajo trata sobre un análisis de una de las obras que más claramente analiza los antecedentes y las consecuencias que produjo en nuestro país La Primera Fase del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas dirigido por el General Juan Velasco Alvarado.

El contexto social y político vivido es una época de crisis institucional del Estado peruano, donde nuestro país se encontraba sumido en una grave inestabilidad, donde imperaba un Estado Oligárquico, en el cual una minoría oprimía a las grandes mayorías. Correspondiéndole también vivir aquel momento de cambio, de transformación; el momento en el cual las Fuerzas armadas dirigidas por el General del ejército Peruano Juan Velasco Alvarado decide poner fin a esta crisis a través de un golpe de estado al Arquitecto Fernando Belaúnde en 1968 y decide implantar un gobierno de corte nacionalista, basado en un capitalismo de Estado y buscando la democracia de participación plena.

La culminación de la primera fase del gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas; que a decir de nosotros, el proceso revolucionario en el Perú no ha culminado sino que fue interrumpido momentáneamente, hasta que nuevamente una vasta coalición de fuerzas sociales reinicie desde abajo el proceso de transformación nacional iniciado por ella desde arriba, la revolución peruana habrá, definitivamente, concluido.

Revolución, Dictadura, Gobierno de facto; nombres con los cuales se ha catalogado el Gobierno que se dio en nuestro país durante los años 1968 y 1975, dirigido por el General de Ejercito Peruano Juan Velasco Alvarado; un gobierno que para algunos se caracterizó por su naturaleza centralizada, autoritaria y burocrática y para otros privilegió la participación nacional y logro una auténtica reforma del estado oligárquico imperante en esa época.

A través del presente trabajo, he creído conveniente hacer un análisis sobre los hechos que antecedieron a dicho gobierno y las reformas que trajo el gobierno de las fuerzas armadas, representadas por la figura del "Chino" Juan Velasco Alvarado.

A lo largo del desarrollo del tema: vamos constantemente a preguntarnos acerca de por que un movimiento político de masas no pudo realizar desde abajo, desde el pueblo una revolución nacional y popular y tuvo que hacerlo una institución como la Fuerza Armada cuya misión es la defensa de la soberanía nacional.

Otro tema interesante es analizar la imposibilidad de construir un sujeto político nacional y popular capaz de dirigir y realizar la transformación social y la imposibilidad de emplear medios democrático representativos eficaces para el logro de una reforma en nuestro país; aunque para algunos, la evidencia de que la forma de ejercicio del gobierno, de cualquier gobierno, no es imputable exclusivamente a su sujeto militar o político sino a la relación de éste con las fuerzas que se movilizan en la sociedad nacional e internacional.

Es importante analizar cuales fueron los motivos por los cuales la fuerza armada se convirtió en sujeto político del proceso de cambios, para algunos se debió, a que la Fuerza armada dentro de las instituciones de la sociedad oligárquica, fue la única cuya función específica la obligaba a percibir un país dependiente, multiétnico, heterogéneo y a convertir su forma estatal unitaria; siendo la única institución implantada en todo el territorio nacional, le permitió conocer y experimentar la diversidad de escenarios y situaciones y sobre todo a conocer los problemas del país; a diferencia de otras fuerzas armadas del continente, reclutaba a sus miembros de los sectores populares y las clases medias; la represión del movimiento guerrillero en los años 64 y 65 incrementó la importancia atribuida por la institución a los problemas sociales y a la necesidad del desarrollo. Y así podemos señalar muchas otras causas, considerando las anteriormente citadas como las más importantes. Pero lo importante y de lo que se trata de explicar en el presente trabajo es como una institución del estado, articulada subordinadamente al bloque de poder oligárquico, se separa de éste e inicia desde arriba la revolución nacional.

La orientación ideológica y política del gobierno militar se elaboró a partir del encuentro entre la corriente nacionalista de un grupo de oficiales de la Fuerza armada y la corriente participativa y autogestora de grupos de intelectuales independientes. En un principio la convergencia de estas orientaciones se basó en el rechazo del capitalismo y del comunismo; para posteriormente orientarse hacia una democracia social de participación plena.

La estrategia política del gobierno militar se caracterizó por la concentración de las decisiones estratégicas de la cúpula del estado, la conservación de la unidad de la fuerza armada y la apertura de la participación de los trabajadores en las unidades económicas y en organizaciones representativas sectoriales. Empero uno de los principales problemas que afrontó el gobierno radicaba en la fragilidad de su base política real: un minoritario grupo de militares dentro de la fuerza armada y un minoritario grupo de civiles dentro del estado. El poder de los primeros dependía de la ocupación de los puestos de mando de su institución y en el empleo del principio castrense de jerarquía y el de los segundos, tanto en su capacidad persuasiva para lograr que el estado hiciera suyos sus propios planteamientos como en su capacidad para promover organizaciones populares autónomas.

Para los analistas, uno de los principales problemas que atravesó este gobierno de las Fuerzas armadas, estuvo constituído por la falta de capacidad para conservar la institucionalidad en el mismo, es decir, de que quien gobernaba realmente eran las Fuerzas armadas y no una persona en particular, empero, el general Velasco se convirtió en el garante de la viabilidad de la estrategia política y en el árbitro de los conflictos de intereses; instaurándose un liderazgo personal carismático. De este modo, al ir decayendo la figura del general ya sea por los constantes ataques de los que se consideraban su oposición como por su enfermedad; el grupo cercano de oficiales que inicia con Velasco la revolución nacional interviene en su cancelación. Con ello contribuyeron a fundar la intelectualmente estremecedora conclusión popular de que la Revolución era Velasco.

Aunque aún en nuestros días nos preguntamos si es que la revolución del general Velasco triunfó o fue derrotada, para algunos, la revolución peruana fue interrumpida, es por eso, que solo cuando una vasta coalición de fuerzas sociales reinicie desde abajo el interrumpido proceso de transformación nacional iniciado por ella desde arriba, la revolución peruana habrá, definitivamente concluido.

Lo más importante que hay que resaltar en el análisis de este trabajo lo podemos dividir en dos grupos: lo acontecido en nuestro país antes del año 1968 y lo sucedido durante 1968 a 1975, tiempo que duró el gobierno del general Velasco.

He creído necesario hacer un resumen de los temas más trascendentales y especialmente aquel momento que han marcado profundamente la historia de nuestro país.

Para poder referirnos al gobierno de las fuerzas armadas, es necesario en primer lugar, estudiar la forma de organización de la sociedad peruana antes de la revolución. Nuestra sociedad tuvo una forma de organización política, el estado oligárquico, y una forma de organización económica, el decentramiento dependiente, que constituyen las fundamentales e interrelacionadas dimensiones del modelo oligárquico que signó la vida republicana del Perú. En el presente trabajo se sostendrá que el bajo grado de participación de la población en la estructura del poder local y el escaso grado de autodeterminación nacional son manifestaciones de una forma de organización político-económica específica: el modelo oligárquico.

El estado oligárquico se expresa en la existencia de grupos privilegiados y mecanismos de dominación, pero implica también procesos de ajuste e integración. El concepto de oligárquico hace referencia al conjunto de grupos sociales que, constituyendo una pequeña minoría en estrecha asociación con el estamento gerencial extranjero, logra mantenerse largo tiempo en la cúspide del sistema de dominación de la sociedad.

En esta perspectiva, el Estado oligárquico del Perú Republicano se define como un sistema estable de organización del poder social bajo el dominio de los grupos agroexportador y latifundista serrano, a los que se asocian progresivamente los estamentos gerenciales que administran las inversiones extranjeras en los sectores mineros, financieros e industriales.

El modelo oligárquico fue el resultado de la combinación de las formas no-capitalistas heredadas de la colonia y la producción capitalista europea. Es por eso necesario examinar las características que presentaba el modelo colonial y estudiar la dinámica expansiva del capitalismo central.

La nota específica del modelo colonial fue la combinación de relaciones de producción serviles con relaciones de intercambio mercantiles dentro de un solo modo de producción. En una primera etapa, los españoles respetaron el régimen de producción local, es decir, el curaca transfirió al encomendero, en especie, alimentos y otros productos agropecuarios, mientras este se ocupó de la conversión de esos valores de uso en mercancías. Pero, cuando la expansión de la producción minera a partir de las innovaciones técnicas introducidas por el virrey Toledo comenzó a demandar cantidades crecientes de mano de obra, insumos y medios de producción, el nivel de generación de excedente obtenido con el viejo sistema incaico comenzó a resultar insuficiente. El sistema mercantil requería mayor sobreproducto físico y esta sería la causa de la aparición y gradual extensión del nuevo régimen de hacienda en el que el segmento hispánico asumió directamente la organización de la producción apropiándose de la tierra y empleando mitayos que se sustraían al régimen del encomendero. Es el fin de la combinación comunidades locales-encomenderos-circuito mercantil y el comienzo de la instauración del modo de producción servil-mercantil.

La relación entre la unidad servil-mercantil y las comunidades adyacentes se estableció en términos de vecino agresor. Con este fenómeno surge el subdesarrollo, puesto que las tierras agrícolas más ricas de los valles interandinos y de la costa y las mejores áreas de pastoreo en la sierra fueron siendo progresivamente apropiadas por la nueva clase de los hacendados españoles y la población sobrante fue ubicada en áreas de subsistencia, convertida en reservorio de fuerza laboral. Aumentó de esa manera la tasa de explotación, relaciones serviles de la organización del trabajo, explotación extensiva de los recursos naturales.

En lo que respecta al mundo capitalista, es conveniente hacer notar, como lo hacían los economistas clásicos del siglo XIX, que la peculiaridad y el éxito revolucionario de la industria capitalista radicó precisamente en la articulación equilibrada que supo establecer entre dos sectores o departamentos: el uno dedicado a la producción del equipamiento y la tecnología requeridos por el conjunto del sistema y el otro a la producción de bienes de consumo final para atender las necesidades de reproducción de la fuerza laboral y la demanda de los grupos superiores. Es decir, la definición del modo de producción capitalista presupone un sistema de producción conformado por dos clases de actores económicos: el grupo propietario de los factores productivos, que asume el riesgo empresarial y que organiza la producción, obteniendo un beneficio; y otra clase no propietaria que vende al grupo anterior su fuerza de trabajo obteniendo un salario en función de las horas aportadas y la calidad del aporte. Y la división de la ganancia de los propietarios en dos fracciones, una destinada a satisfacer su propio consumo y la otra (ahorro) orientada a la reinversión.

Otro aspecto importante que es necesario analizar es tratar de comprender la interacción entre las normas culturales y la conducta política de los sectores populares en Lima en las primeras décadas del siglo XX. Numerosos observadores han hecho hincapié en el alto grado de personalismo que parece penetrar el sistema político del momento, un personalismo que encuentra su expresión en dos movimientos: el Sanchezcerrismo y el aprismo que emergieron para dominar la escena política en 1930-31.

Esa época se caracterizó por el establecimiento de una subordinación a los superiores plasmada principalmente en el hogar, la escuela y la religión. En el hogar había un sistema conformado con premios y castigos, que enseñó al niño los modelos de conducta que suscitaban aprobación y los que merecían un juicio contrario. Una situación en la cual, el padre es todo, su gusto, tendencias, preferencias y ambiciones son regla. El niño es nada. Una importante faceta de la buena educación era mostrar respeto a los mayores a través de manifestaciones exteriores de humildad.

Paralelamente a la censura verbal, los padres comúnmente recurrían al empleo del temor para corregir una mala conducta diciéndoles a sus hijos que el espíritu de una persona muerta o el "cuco" vendría a jalarles los pies o llevárselos. Si los otros métodos no daban resultados, el castigo físico era empleado frente a los niños que no observaban las estrictas reglas familiares.

En la escuela, todo el mundo exterior se refleja en este pequeño mundo del aula. Medían a los niños con relación a su grado de pasividad y sumisión. Los estudiantes que quebrantaban las reglas rígidas de conducta, o que no alcanzaban a recitar sus lecciones apropiadamente, eran usualmente objeto de corrección con una regla, y en algunos casos con un látigo. Aquellos alumnos, en cambio, que demostraban un alto grado de obediencia y aún de servilismo eran objeto de frecuente aprobación de parte del profesor. Es por eso, que la situación del aula estimularía al niño de la clase trabajadora a considerar la sociedad y la política simplemente como una competencia a través de la sumisión al tutelaje de un líder superior con atributos similares a aquellos del profesor autoritario. Más aún, las relaciones de dependencia personal que caracterizaban el gobierno del aula podrían alentar a los alumnos a ver al gobierno nacional en términos personalistas similares. Las entrevistas con miembros de los sectores populares de Lima con relación a sus experiencias en la escuela primaria son especialmente demostrativas de la formación en el aula de una percepción personalista del estado.

La memorización constituyó la principal obsesión del profesor y del alumno y aquellos profesores del curso de moral decían, que la jerarquía esencial de una sociedad organizada se mantendría solamente si los hombres de menor rango adquiriesen el hábito a aquellos de mayor rango. Las clases de historia peruana constituían los agentes más directos de la socialización política en la escuela primaria limeña; estos cursos eran planeados para proveer a los alumnos ejemplos prácticos de moral cívica, constituido por la propagación de culto al héroe, que llevó rápidamente a considerar a las personas con autoridad como las únicas capaces de generar cambios tanto en el ámbito personal como nacional. Las cualidades personales atribuidas a estos héroes por los autores de los libros de historia los hacían aparecer no solamente como hombres poderosos sino, además, como hombres de los cuales se podía aceptar depender, especialmente en momentos de crisis.

Aún cuando la confianza en estos héroes paternales no conducía al éxito, como aconteció, por ejemplo, con la derrota peruana a mano de los chilenos en la guerra del pacífico, los textos de historia predicaban una resignación necesaria. El hecho de que excepto los héroes de la independencia, los principales héroes de la historia del Perú participaran de la causa perdida de la guerra con chile, llevó a los populizadores del culto al héroe a dar un énfasis particular a la aceptación pasiva de la adversidad.

Una fuerza que probablemente tuvo una mayor influencia que la escuela primaria en la formación de actitudes fatalistas en las masas limeñas fue el catolicismo popular, señalando en muchos casos los sacerdotes a los trabajadores que debían aceptar la sociedad como la han encontrado y no caer en el absurdo del socialismo que no quiere reconocer la ley de Dios.
Era común que ciertos individuos identificasen su fortuna con la benevolencia de un líder político específico.

En la familia, en el colegio y en las prácticas religiosas del pueblo, las masas urbanas asimilaban un sistema de valores fundamentales que premiaban la adaptación pasiva y la dependencia personal. Este sistema de valores actuaba como una base de referencia, a partir de la cual se podía evaluar la experiencia subsecuente en todos los aspectos de la vida, incluyendo el universo de la política nacional.

Debido a que la mayoría del pueblo no tomaba parte directamente en la conducción del país, la política parecía esencialmente un asunto de favores individuales y los gobiernos en el poder eran a menudo comparados con organizaciones de caridad. Según un dicho popular, el Perú no era una República sino una Res Pública, un buey que ha ido al matadero y del cual todo el mundo puede coger un pedazo.

En la sombría estimación de otro, la política peruana era esencialmente un ejercicio de suplicar la caridad de arriba.

El contexto estructural en el cual vivieron las masas limeñas de principios de siglo reforzó los valores que habían adquirido gradualmente en la casa, en el colegio, en la iglesia y en el proceso político. La sumisión y dependencia hacia las figuras de autoridad junto con la sensación de impotencia que caracterizaba sus relaciones con individuos de estratos más altos, era el resultado del contacto cotidiano de las masas con las realidades de su existencia tanto como el producto de creencias aprendidas.

Dos tipos de actitudes emergieron de esta aguda división de la sociedad entre poderosos y desposeídos. Primero, los individuos de las clases populares privadas de poder vieron que su débil posición les impedía ejercer efectivamente control sobre su medio, adoptaron una visión fatalista de la vida. Segundo, las influencias dominantes ejercidas por las clases superiores hicieron que las masas dependieran de individuos de élite para lograr éxito en una amplia variedad de asuntos. La tendencia a esperar que iniciativas y recursos vinieran de arriba, provenía en parte de la reflexión acertada de que éstos eran en realidad, dispuestos en su mayor parte desde arriba.

El mismo sentimiento de carencia de poder que proscribía manifestaciones de agresión contra figura dominante causaba a veces hostilidades entre miembros de la misma clase social, los que vieron enfrentados unos a otros por la obtención de una cantidad limitada de servicios provenientes de arriba.

Un obstáculo a la creación de movimientos de acción colectiva era la represión por parte de las autoridades políticas.

En esta época de nuestra historia surge el llamado compadrazgo, donde, a través de esta institución los menos poderosos de la población urbana eran capaces de manipular sutilmente los mecanismos sociales de protección buscando esas personas con él más alto grado de generosidad.

Al amparo de un complejo de procesos, que sé retroalimentaron mutuamente, se fundó en aquella década la moderna cultura nacional sobre la base, que los años siguientes sorprendieron en su precariedad, del encuentro de las clases medias provincianas y citadinas con los movimientos campesinos, la naciente clase obrera y las demandas regionales.

Con la modernización del Estado (gobierno de Leguía), la política de construcciones y carreteras, la promoción del comercio la promoción del comercio y las industrias y la apertura a la inversión y a la banca internacional, Leguía promovió el desarrollo de la clase obrera, empleocracia y las clases medias liberales mientras su apoyo inicial a los movimientos universitarios por la reforma y su protección a los grupos pro indigenistas movilizó a los nacientes grupos intelectuales regionales y limeños. Dentro de este grupo de intelectuales conocidos como la primera generación de la Intelligentzia peruana, surge la figura de José Carlos Mariátegui y de Víctor Raúl Haya de la Torre. De este modo con ellos, como grupo, por primera vez en la historia del Perú, se unifican los roles de intelectual y político. Pero no solamente intelectuales y políticos, sino, que se atribuyeron la responsabilidad de educar intelectual y moralmente al pueblo, es decir, a la nación. Intelectuales-Políticos-Educadores, fundieron la totalidad de sus vidas personales en una causa colectiva e histórica que les condujo a experimentar la transformación social como una intensa y apremiante necesidad subjetiva.

Haya y Mariátegui, en la fundamentación del marxismo latinoamericano, encontramos dos ideas-fuerza cuya complementaridad me parece evidente:

-La conciencia del carácter original de la realidad latinoamericana;
-La percepción del marxismo como un instrumento de conocimiento y transformación de la sociedad.

Se trataba por tanto de producir el marxismo en contacto con una realidad original y no de reproducirlo, como era el caso de los socialistas latinoamericanos en la segunda o de los dirigentes del buró norteamericano de la tercera internacional.

La temática central de la reflexión de Haya y Mariátegui fue la autodeterminación histórica de las sociedades andinas. Por tal se entiende la recuperación de la capacidad de las naciones con tradición indígena y, en general, del continente para radicar en su interior las decisiones centrales a través de las cuales se procesa el desarrollo de sus identidades.

Ambos reconocieron el contenido étnico-cultural de las reivindicaciones indígenas pero creyeron posible incluirlas dentro de una perspectiva socioeconómica más global para la cual los indios eran definidos, sea como siervos, sea como comuneros, pero siempre como campesinos. De este modo, el contenido étnico-cultural de sus reivindicaciones debía expresarse a través de la lucha contra el latifundismo y por el control de la tierra.

En este contexto, Haya se apoya, no por azar, en la calificación que Engels hacía de los trabajadores del campo como "Máquinas de trabajo, no hombres" para soportar sus propios juicios, que variaban entre la consideración de su "primitivismo" hasta el de su "ignorancia". La naciente clase obrera se le aparecía como "joven e inexperta", mientras los pequeños productores industriales carecían de la capacidad para desarrollarse por propia iniciativa.

Para Mariátegui a diferencia de Haya, pareció adherirse a la idea de que el socialismo antes que un fin era un movimiento. Y expresa haber optado por la construcción de un movimiento nacional dentro del cual habite una tendencia socialista.

Es así como Haya y Mariátegui elaboran las primeras bases teóricas para una aproximación latinoamericana a los problemas del desarrollo, la nación y el socialismo.

Un punto previo antes de analizar propiamente el gobierno del general Velasco es hablar acerca de los movimientos sociales y los partidos políticos antes de 1968. En esa época, entre 1930 y 1968 había grandes distancias económicas y también enormes diferencias de cultura, instrucción, idioma y raza entre el mayoritario pueblo indio, negro y mestizo y la minoría blanca descendiente de los conquistadores, que habitaban los pequeños centros poblados de la época y monopolizaban la propiedad de la tierra, el comercio y los núcleos decisivos del poder político.
Hacia el interior del país, la red de poder de dicha estructura enlazaba las familias más ricas, dueñas de las más grandes extensiones de tierra y de los negocios comerciales más importantes, con los terratenientes y gamonales de las provincias. Hacia el exterior, numerosos lazos económicos y culturales la ataban con Inglaterra, España y los centros de poder capitalista europeo.

Surge el movimiento de los obreros y artesanos que fue muy unificado y tuvo fuertes lazos con el resto de la población urbana pobre, hecho que fue notorio en la realización de los paros generales que tuvieron lugar en la capital. Posteriormente, el movimiento obrero empezó a perder su autonomía respecto de los partidos políticos. En adelante, el movimiento obrero hablaría políticamente sólo con la voz y el discurso de los partidos.

Las nuevas generaciones de la clase alta provinciana en proceso de empobrecimiento emigraron hacia Lima y los jóvenes recurrieron a la universidad como un medio para ascender de clase social mediante la adquisición de conocimiento, si ya no era posible hacerlo mediante la acumulación de riqueza.

A partir de 1930, el enfrentamiento fundamental ya no sería entre la clase obrera y la oligarquía, sino entre esta última y los sectores radicales de clase media, agrupados fundamentalmente en le Apra.

Posteriormente, al lado del sistema político oligárquico y paralelamente a las contradicciones que habían generado, surgieron nuevos sectores sociales, medios y populares. Los partidos políticos que expresarían sus intereses serían Acción Popular y la nueva izquierda marxista de los años sesenta. Y en menor grado, como grupos de élite técnico-profesional, la democracia cristiana y el social progresismo.

Un fenómeno de esta época fue la migración forzada en busca de salario, un cambio brusco de hábitat y una transformación acelerada de los comuneros campesinos o siervos de hacienda en obreros asalariados. Paradójicamente, ese mismo campesinado que hasta mediados del siglo constituía la mayoría de la población del país y cuyos sectores más activos socavaban las bases de la dominación oligárquica, nunca tuvo presencia ni participación en el sistema político.

Las riquezas más importantes del país fueron explotadas por la oligarquía latifundista o por el capital extranjero. Y, paralelamente a ello, creció un importante sector financiero y un mínimo sector industrial que producía para un estrecho mercado interno, circunscrito inicialmente a los centros urbanos.

Los años que separan 1930 y 1968 conocieron alternativamente lapsos de dictadura militar y civil y apertura de la democracia representativa formal. Pudiendo ser divididos en subperiodos entre 1930-1933; 1933-1956 y 1956-1968.

Luego de este análisis sobre lo acontecido en nuestro país hasta antes de 1968, pasaremos a analizar brevemente el Perú entre 1968 y 1975, es decir, el Perú de la "Primera fase del gobierno revolucionario de las fuerzas armadas".

Pocos gobiernos como el de Velasco ha suscitado tantas expectativas y han motivado tanto interés, o simplemente explicaciones, constituyendo todo un reto para la investigación y el análisis de la sociología política.

Tres han sido las principales líneas en las que se ha buscado analizar el régimen Velasquista:

RESPECTO AL CAPITALISMO DE ESTADO.

El eje central del análisis está dado en torno a categorías de capitalismo de Estado, entendido este cuando el estado toma la responsabilidad de organizar la producción y acumulación en el sector moderno de la economía, y la propiedad pública reemplaza a la privada en áreas claves.

RESPECTO AL CORPORATIVISMO.

Para conseguir una política asistencialista, el régimen militar buscará desarrollar una ideología orientada a encubrir la lucha de clases sobre la base de la comunidad de intereses sobre el capital y el trabajo y del ni capitalismo ni comunismo. Además de constituirá un conjunto de organizaciones oficiales en la perspectiva de segmentar los ingresos y la corporativización política" SINAMOS, CTRP, SERP, etc.

El diseño político corporativo es definido por Cotler como: la segmentación de las clases populares, a través de mecanismos organizativos verticales y jerarquizados y a la integración en la cúspide de esos sectores con la clase dominante. Es decir, el capitalismo de estado busca controlar la economía del país, para lo cual requiere, como condición política, el control de los movimientos de las masas, los que son encuadrados dentro de organizaciones verticales.

El corporativismo se presentó como el modelo político que el régimen buscó construir con el objeto de neutralizar políticamente a los trabajadores.

ANÁLISIS EN TORNO AL CONCEPTO DE DEMOCRACIA DE PARTICIPACIÓN PLENA:

Los fundamentos teóricos de este análisis se encuentran inmersos en la teoría de la modernización, interpretados desde el punto de vista de un nacionalismo radical. Sus más importantes exponentes participarán activamente como funcionarios civiles dependientes de la jerarquía militar y en puestos claves de asesoría del gobierno militar, sobre todo en SINAMOS, tal fue el caso de Carlos Delgado.

El análisis desarrollado por los ideólogos del Velasquismo será la resultante de los problemas suscitados por el aprismo en los años 30 (independencia nacional, modernización capitalista y fortalecimiento del estado) con la problemática elaborada por la misma modernización (movilización social y la participación social).

Para esta corriente democrática nacionalista el régimen Velasquista en conjunto significó la conciliación de la crisis de la dominación oligárquica y la propuesta de un modelo de desarrollo, a través del cual el Estado buscaría reducir el campo de acción del capital monopolio internacional y el desarrollo de un capitalismo nacional relativamente autónomo.

El gobierno del General Velasco se puede interpretar desde su naturaleza centralizada, autoritaria y burocrática; o desde su contenido participativo y nacionalista que impidió en el Perú que una revolución popular desde abajo realizara las tareas nacionales y democráticas ejecutadas desde arriba por el gobierno militar.

El estudio fue organizado en torno a dos objetivos teóricos: las condiciones, características y evolución de la sociedad oligárquica (entre 1920 y 1968) y del proceso de cambio de los años de 1968 y 1975.

La evidencia de que la forma de ejercicio del gobierno, de cualquier gobierno, no es imputable exclusivamente a su sujeto militar o político sino a la relación de éste con las fuerzas que se movilizan en la sociedad nacional y la arena internacional.

El gobierno de Velasco se basó en un no-capitalismo, no-marxismo

La estrategia política del gobierno militar se basó en la concentración de las decisiones estratégicas en la cúpula del estado, la conservación de la unidad de la Fuerza armada y la apertura de la participación de los trabajadores en las unidades económicas y en organizaciones representativas sectoriales.

Años después del término de las reformas del 70, la comunidad intelectual y científica no ha podido diseñar las distintas pero complementarias estrategias de desarrollo de las comunidades campesinas y el agro-serrano, el sector informal-urbano y las poblaciones urbano-marginales.

Velasco gobernaría con la libertad, el apoyo y los medios materiales que pocos presidentes habían obtenido. Sin embargo, debido a una enfermedad que lo postró, a la crisis suscitada en el modelo y a problemas sociales puestos de manifiesto por la referida crisis, fundamentalmente económica, Velasco es depuesto, o más bien "reemplazado" por acuerdo institucional, que no suscitó oposición de importancia pues se garantizó la continuidad del "GOBIERNO REVOLUCIONARIO DE LA FUERZA ARMADA", asumiendo la presidencia en reemplazo de Juan Velasco Alvarado, Francisco Morales Bermúdez, tras el llamado tacnazo del 29 de agosto de 1975.
 

 


BIBLIOGRAFÍA.

BEJAR, Héctor:
"LOS ORÍGENES DE LA NUEVA IZQUIERDA EN EL PERÚ".
FALCÓN, Jorge:
"ANATOMIA DE LOS SIETE ENSAYOS DE MARIÁTEGUI".
NÚÑEZ, German:
"PENSAMIENTO POLÍTICO PERUANO SIGLO XX".
HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl:
"EL ANTIMPERIALISMO Y EL APRA"
 

 

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