El comercio de la prensa

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 CESAR LEVANO

 

 

 

El diario que dirige Fernando Berckemeyer se lanzó ayer contra Verónika Mendoza a causa de unas declaraciones de esta respecto a la libertad de prensa. El editorial de El Comercio, núcleo de la más vasta concentración mediática de la historia del Perú, considera una amenaza que el Frente Amplio, que enarbola la candidatura de la señora Mendoza, proponga crear un Consejo de Regulación y Supervisión de Medios.

El diario se encrespa porque la Plataforma Programática del Frente Amplio proyecta ese Consejo “para asegurar la pluralidad informativa y la interculturalidad en los medios de comunicación privados y públicos, y el uso neutral de los recursos de publicidad estatal”.

¡Qué cosa! Estos izquierdistas pretenden que se implante la pluralidad informativa, cuando El Comercio y sus satélites luchan con denuedo por implantar una sola idea política, unos solos candidatos neoliberales, un solo alineamiento internacional contra Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, etcétera. Vaya insolencia.

Además, eso de “uso neutral de los recursos de publicidad estatal” quiere imponer que se pongan avisos hasta en los medios que no acatan las órdenes de las transnacionales y del imperio. ¡Habráse visto!

En El Comercio ignoran, por lo visto, la Instrucción Pastoral “Communio et Progressio” del Vaticano, publicada en 1971 por el Papa Pablo VI. Ese texto propone un control –usa ese término en la edición pontificia– ejercido por un órgano no estatal, que agrupe a representantes de las principales religiones, de los periodistas, de los padres de familia, entre otros, para fiscalizar el uso de los medios.

El documento no propone penas (clausura, multas, deportación o cárcel), sino un veredicto moral. Señala con claridad que el monopolio de los medios y la falta de controles públicos son incompatibles con la propia naturaleza de los medios.

En la búsqueda de la noticia y en su transmisión, dice la Instrucción, los medios deben velar por la veracidad de lo que se comunica. Para ello hay que evitar lo trivial, lo sensacionalista y la parcialidad interesada.

Deben asimismo valorar lo antiguo y lo actual, valorar las diferentes culturas aunque algunas sean minoritarias, y unir lo ético y lo estético.

En el difícil campo de la publicidad deben salvaguardar la independencia respecto de los poderes económicos.

Cuando esto escribo, no tengo a la mano mi ejemplar temprano de “Communio et Progressio”, por lo cual ni puedo citar los diversos lugares en que refuta, con casi medio siglo de anticipación, los argumentos de El Comercio y sus congéneres.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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